domingo, 11 de mayo de 2014

El Principito

— ¡Por favor... píntame un cordero!

—¿Eh?

—¡Píntame un cordero!

Me puse en pie de un salto como herido por el rayo. Me froté los ojos. Miré a mi alrededor. Vi a un extraordinario muchachito que me miraba gravemente. Ahí tienen el mejor retrato que más tarde logré hacer de él, aunque mi dibujo, ciertamente es menos encantador que el modelo. Pero no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de seis años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.
Miré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me encontraba a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Y ahora bien, el muchachito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, de hambre, de sed o de miedo. No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en el desierto, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo.

Antoine de Saint-Exupéry – El Principito



Conocí a Diego hace un par de años, cuando su mamá me pidió que les hiciera una sesión a él y a su hermano Alex. Ya entonces “dibujarlo” fue todo un reto.

No paraban, peleaban, me retaban con la mirada...

Volver a encontrármelos dos años más tarde, más mayores, más seriecitos (ja!) suponía un nuevo reto para mí.

Él, cual principito por su atuendo, aunque en realidad escondiendo el bicho que sigue siendo. Uno que no para, que se pelea con su hermano y que continua retándome con la mirada… que no dejó un globo vivo!!!!

Y como una continuación de aquel Jugamos…? Diego se puso de nuevo ante mi objetivo, ante mi lápiz de luz para que lo dibujara.





Música: McFly – Obviously



1 comentario:

Anónimo dijo...

pero qué familia más guapa!!!


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